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martes, 14 de agosto de 2012

4º Capítulo: Al abrir la taquilla. (A)


No ha servido de nada. Los últimos 12 meses ignorándole no me han servido absolutamente de nada. Pero ¿por qué? Hoy he estado en todas las clases pensando en él, cosa que creía haber logrado evitar. Pero ¿pensar todo el rato en él tiene que significar que me gusta? No, no tiene por qué… ¿Verdad?
Abro la puerta de casa y tiro la mochila. Mi madre tampoco está hoy; esta última semana acostumbra a ir a comer con mi tía a un restaurante para “vivir la vida”. Bueno, la verdad sea dicha, se conforma con poco, porque para mí el concepto de vivir la vida es algo más…bueno, excitante.
Voy directamente a mi habitación. No tengo ganas de comer. Me tiro en la cama y alcanzo el teléfono. Marco el número de Lucía, pero me acuerdo de que está terminando la mudanza y aún no tiene red en su casa. Pero necesito hablar con alguien, tengo que contar lo que me pasa, si sigo sin decírselo a nadie voy explotar.
Ojeo la guía de contactos y me acuerdo de Sara, la hermana de Jaime, mi ex de Málaga. Me llevo genial con ella, es adorable, divertida y además es la persona que mejores consejos da y mejor escucha del mundo. Bueno, al menos de mi mundo.
Marco su número y contesta al tercer toque:
–¿Sí? –Responde cautelosa.
–¡Sara! Soy yo, Ángela –digo emocionada.
–¡Angy! ¡Cuánto hacía que no llamabas! ¿Qué es de tu vida?
–Pues ¿ a que no sabes qué? ¡¡Voy a Málaga en julio!! –Digo eufórica.
–¡No te creo! ¿De verdad? –Dice gritando – ¡Mi hermano se va a poner histérico!

Ups, había olvidado ese detalle. Mi promesa con Jaime, ahora no me veo capaz de cumplirla. Y precisamente he ido a llamar a su hermana…Bien, Ángela, bien.
–Eh…–Empiezo a mascullar –Sí, en cuanto a eso, estoy hecha un lío.
–Ángela, no te agobies –Dice adivinando lo que me pasa –.Además, me imaginaba que no volverías con él, es idiota, ja, ja, ja –.Dice riéndose tranquilamente.
Bueno, es una grata sorpresa ver que no se muestra molesta o traicionada. Pero no sé cómo será la reacción de Jaime…
–No es eso, tonta –digo riéndome también –.Le aprecio mucho, pero creo que ahora no me sería apropiado seguir engañándome. Le quiero pero no así –digo en un intento de explicarme y no parecer una imbécil.
–Mmm…–Murmura –Eso me suena a comedura de coco. A ver, cuéntame, Angy.
Lo hago, se lo cuento todo desde las taquillas hasta lo que siento hoy (que no sabría decir qué es) pasando por mis intentos de quitármelo de la cabeza.
Ella lo escucha todo en silencio y una vez que acabo me dice:
–¿Realmente conoces su versión? Quiero decir, ¿te has molestado en averiguar si de verdad usa a esas chicas? ¿Si no las ha dicho ya que le dejen en paz?
–Pues…–Me quedo pensativa; no, no lo he hecho –.No, pero entonces ¿por qué siguen acosándole?
–¿Eso es culpa de él? –Dice pacientemente.
–No te entiendo. ¿Cómo no va a ser culpa de él?
–A ver, si realmente las usara se liaría cada día con una día e iría provocándolas. ¿Ha buscado él el ser admirado? Ángela, si te gusta un chico le insistes hasta que no puedas más, no lo dejas escapar. Eso tú, yo, la vecina del quinto y el universo entero, ¿o me lo piensas negar?
No, no se lo niego porque tiene toda la razón. Nunca le he visto abrazado a otra chica, o besándose o mirándolas si quiera. Me quedo callada. ¿Qué-he-hecho?
–Adónde yo voy, Ángela, es a que no sabes mucho de él. Te has adelantado a los acontecimientos y creo adivinar por qué –dice soltando una risita.
–He sido…he sido una egoísta, una tonta egoísta, no he pensado en él, solo en mí.
–No, has sido tonta y has perdido a un partidazo. Pero aún sin conocerle, sé que ese chico estaba colado por tus huesos, guapa. Apuesto a que lo ha pasado mal por ti y aún estás a tiempo de recuperarle. No pienses en lo perdido, piensa en lo que puedes ganar.
–¿Sabes? Eres la mejor –me quedo pensativa. Repaso todo lo que me ha dicho y me percato de algo –.Hey, ¿a qué te referías con “te has adelantado a los acontecimientos y creo adivinar por qué”?
–Eso tienes que descubrirlo tú. Dale vueltas, cielo. ¡Hasta otra!
Me cuelga antes de que pueda insistirla. Ni siquiera yo sé por qué y ella sí, esto es increíble.
Me levanto de la cama y me pongo a hacer los deberes para pensar en otra cosa antes de ponerme seriamente a pensar en ello. Antes de dejarle espacio total a David en mi cabeza. Hoy nos han mandado pocos, puesto que queda poco para acabar, pero al menos mato 45 minutos haciéndolos. Cuando los termino recojo toda la mesa y  la mochila y cuando me dirijo a mi habitación oigo que se abre la puerta.
–¡Hola! ¿Ángela? –Dice la voz de Adrián, mi hermano, entrando en casa.
-¡Hombre, hermano! –Le digo y le doy un beso en la mejilla.
Sí, tengo un hermano, pero casi no estoy con él. Se pasa la vida en casa de su mejor amigo Simón, que ya se ha independizado; de cada cinco días, cuatro está allí y uno aquí.
Sin añadir nada más vuelvo a mi cuarto y me dejo caer sobre la suave alfombra. Vale, tengo que empezar a pensar seriamente en David…
–¿Qué pasa, Ángela? –Dice Adrián entrando de repente en mi habitación. Al ver que le miro con cara de sorpresa dice –: Cuando te sientas en la alfombra es que pasa algo, lo haces desde pequeñita, cuando te rompía las muñecas y te ponías triste.
–¿Qué? ¿Tú me rompías las…? Da igual. No, no me pasa nada…solo me quiero…sentar en la alfombra –Intento parecer segura, pero más que una afirmación me sale una pregunta.
–Vale, es un chico.
–Porque tú estés siempre pensando en Andrea no significa que los demás también vivamos enamorados –le contesto bordemente, cosa que no suelo hacer y menos con él. Andrea es su antigua novia, de la cual sigue muy enamorado y está investigando cómo reconquistarla. Pero si hay algo que me encanta de mi hermano es que todo lo ve desde el lado positivo, es de los del vaso medio lleno.
–Ay, Ángela, Ángela…–Dice, murmura algo en bajito y se va.
Y este es mi hermano, como Casper; viene y va y vuelve a aparecer de repente.
Vuelvo a tumbarme, me pongo un cojín para apoyar la cabeza, me acurruco y me muerdo una uña. Cierro los ojos y me quedo pensando profundamente en cómo le conocí, muy profundamente…
                                                         * * *
Me despierto alarmada por el sonido del despertador, miro a mi alrededor confusa. Genial, mi plan de aclararme las ideas fue estupendamente: me quedé dormida en el suelo. Pero ¿qué tengo que aclarar? ¿Qué David me importa mucho más de lo que pensaba? ¿Qué he sido tonta por hacerle daño? (Si es que le ha importado…) No, creo que eso ya está demasiado claro. Ahora en lo que tengo que pensar es en qué hacer…pero ahora no, que no puedo llegar tarde al instituto.
Me levanto, me pongo una falda corta de talle alto y una camiseta olgada  y me voy a desayunar. Al entrar en la cocina otra vez el sol me deslumbra; se ve que nos toca una semana bonita, aunque solo se refiera al tiempo…
Me lavo los dientes, me recojo el pelo en una trenza y me la coloco a un lado. Sin entretenerme más cojo la mochila y salgo en la dirección de siempre.

Doblo la esquina de la calle del insti a las 8:20. Camino a paso ligero y aprieto más el paso cuando ya tengo en mi campo de visión el edificio: tengo muchísimas ganas de verle. Por primera vez me tomo este asunto con alegría, tengo que arreglarlo.
Me aproximo a abrir la puerta y me quedo petrificada: Lucía y David, caminando juntos, riendo, abrazándose…conclusión: ¿qué-está-pasando?
No me da tiempo de reaccionar, salgo corriendo y subo las escaleras, directa hacia clase antes de que me vean y me digan algo. Me quedo quieta en frente de la puerta. No puede ser, Lucía no puede hacerme esto, es mi mejor amiga, no puede estar viéndose con él sin haberme dicho nada. Y aunque me lo hubiera dicho, ¡es él! No puede ser. Me siento traicionada y solo tengo ganas de esconderme y llorar, uno de los efectos secundarios de este veneno. 
Pero a pesar de todo, trago saliva y entro en clase con paso decidido hasta mi silla y al sentarme entran por la puerta, juntos. Él se dirige a su sitio y ella se acerca a mí:
–¡Hola, Ángela! ¿A que no sabes qué? –Me dice como si nada, mientras suena el timbre.
–No es momento para hablar, va a llegar el profesor. Adiós –la digo seca y fríamente invitándola a que se vaya. No tengas ganas de que me lo restriegue por la cara, intentaré evitar esta conversación durante todo el día, si puedo.
Ella se va claramente disgustada y sorprendida y entra en clase el profesor, mal vestido y con barba de tres días. Como siempre.
Apoyo la cabeza en una mano y me paso la clase mirando a Lucía y pensando en que no puede ser posible. Me lo hubiera contado. Ella no es así, no es una mentirosa y una falsa, que es lo que tendría que ser para hacerle esto a tu mejor amiga. No lo es, tengo que hablar con ella, pero… es que tengo miedo de que sea verdad y de que yo lo pase mal. Tengo miedo de que me corroa otra vez la desesperación…así que me paso todas las clases pensando en ellos, y mi conversaciones de hoy con Lucía son simples por mi parte aunque no haya dicho nada, así que sigo sin saber qué era ese “¿A que no sabes qué?”. Pero es que  no tengo un día de hablar; tengo un día de pensar.
Suena el último timbre del día y Lucía y David salen corriendo antes que nadie. Me quedo sin palabras, sin cosas qué pensar y me quedo pasmada en mi sitio mientras empiezo a recoger lentamente. Bajo las escaleras despacio con una lágrima a punto de caer de mis ojos. Así todo y con el esfuerzo de mi corazón me dirijo a las taquillas, pero no se encuentran allí. Una oleada de alivio me recorre el cuerpo. Abro la 229 y dejo los libros. Pero al sacar la chaqueta se resbala un papel y cae haciendo graciosos movimiento hasta el suelo.
Me quedo mirando el papel y por un momento olvido lo que me pasa, olvido todos los problemas que tengo. Las taquillas se van despejando y yo con movimientos muy lentos dejo la mochila en el suelo, me agacho y recojo el papel. Abro la nota y leo:
Parque Lluvia. 18:00. Esta tarde”
Una oleada de recuerdos me viene a la cabeza; entonces, repentinamente le doy la vuelta a la carta y pone: “De David”
Entonces la sonrisa más grande y más sincera de toda mi vida se dibuja en mi cara a la vez que una extraña sensación parecida al miedo me recorre el cuerpo. ¿Qué pasa con Lucía? ¿Por qué mi chico de ojos verdes me manda ahora esto? ¿Qué voy a hacer? ¿Voy o no voy? Todas estas preguntas y más me vienen a la cabeza al cerrar la taquilla y poco a poco me voy alejando.
Llego a mi casa; no hay nadie. ¡Bien! Me voy corriendo a mi cuarto y me pongo a llamar a Lucía, pero no lo coge, tengo que saber por qué de repente están tan amigos y necesito respuestas a todas mis preguntas.
El teléfono suena, suena y suena, pero nadie lo coge. ¿Qué hago? Pienso en llamar a Sara, pero caigo en que el instituto de Málaga tiene distinto horario y aún siguen en clase. Me tengo que enfrentar a mí misma sola.

Una cosa está muy clara; ha descubierto que yo le escribí una nota para una cita cuando pasó…bueno, lo que pasó. Porque sería raro que fuera coincidencia…ajá, ahí es donde ha intervenido Lucía. ¿Será de verdad? No me estarán gastando una broma, ¿no? No lo soportaría…pero es mi mejor amiga: no, no es una broma. ¿Cómo he podido desconfiar de ella de esta manera?  Bueno, ella es inteligente para estas cosas y sabrá lo que yo he pensado, así que no se enfadará conmigo, espero…
Ahora…el tema de la cita. ¿Y si voy y todo va bien? ¿Nos volveríamos la típica pareja monótona y aburrida? ¿Él siente por mí lo mismo que yo? Es que…todavía no tengo claro qué siento…por eso debería ir, ¿no? Pero… ¿y si voy y sale mal? Sería de las mayores decepciones de mi vida, no podría aguantarlo. Tengo una perspectiva de él muy alta…¿pero y si la rompe?
Me paso horas con preguntas así, sometiendo a una balanza los pros y los contras y al final, tras lágrimas y sonrisas me doy cuenta de las palabras de Sara, lo que ella sabía y yo no, lo que parece que siempre me pasa, lo que tenía que averiguar por mí misma. Mi punto débil: Miedo a enamorarme, miedo a que me hagan daño.


4 comentarios:

  1. San! esta genial, no vuelvas a decir que es malo, porque es perfecto y esta muy bien todo

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    1. Ooins, jo, es que desde mi punto de vista este capítulo no es gran cosa, pero muchísimas gracias :'D

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  2. El mejor amigo de Adrian se llama... Simón?! Como mola! El capitulo ha sio sublime.... me encanta!

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