No ha
servido de nada. Los últimos 12 meses ignorándole no me han servido
absolutamente de nada. Pero ¿por qué? Hoy he estado en todas las clases
pensando en él, cosa que creía haber logrado evitar. Pero ¿pensar todo el rato
en él tiene que significar que me gusta? No, no tiene por qué… ¿Verdad?
Abro la
puerta de casa y tiro la mochila. Mi madre tampoco está hoy; esta última semana
acostumbra a ir a comer con mi tía a un restaurante para “vivir la vida”.
Bueno, la verdad sea dicha, se conforma con poco, porque para mí el concepto de
vivir la vida es algo más…bueno, excitante.
Voy
directamente a mi habitación. No tengo ganas de comer. Me tiro en la cama y
alcanzo el teléfono. Marco el número de Lucía, pero me acuerdo de que está
terminando la mudanza y aún no tiene red en su casa. Pero necesito hablar con
alguien, tengo que contar lo que me pasa, si sigo sin decírselo a nadie voy
explotar.
Ojeo la
guía de contactos y me acuerdo de Sara, la hermana de Jaime, mi ex de Málaga.
Me llevo genial con ella, es adorable, divertida y además es la persona que
mejores consejos da y mejor escucha del mundo. Bueno, al menos de mi mundo.
Marco
su número y contesta al tercer toque:
–¿Sí?
–Responde cautelosa.
–¡Sara!
Soy yo, Ángela –digo emocionada.
–¡Angy!
¡Cuánto hacía que no llamabas! ¿Qué es de tu vida?
–Pues ¿
a que no sabes qué? ¡¡Voy a Málaga en julio!! –Digo eufórica.
–¡No te
creo! ¿De verdad? –Dice gritando – ¡Mi hermano se va a poner histérico!
Ups,
había olvidado ese detalle. Mi promesa con Jaime, ahora no me veo capaz de
cumplirla. Y precisamente he ido a llamar a su hermana…Bien, Ángela, bien.
–Eh…–Empiezo
a mascullar –Sí, en cuanto a eso, estoy hecha un lío.
–Ángela,
no te agobies –Dice adivinando lo que me pasa –.Además, me imaginaba que no
volverías con él, es idiota, ja, ja, ja –.Dice riéndose tranquilamente.
Bueno,
es una grata sorpresa ver que no se muestra molesta o traicionada. Pero no sé
cómo será la reacción de Jaime…
–No es
eso, tonta –digo riéndome también –.Le aprecio mucho, pero creo que ahora no me
sería apropiado seguir engañándome. Le quiero pero no así –digo en un intento
de explicarme y no parecer una imbécil.
–Mmm…–Murmura
–Eso me suena a comedura de coco. A ver, cuéntame, Angy.
Lo
hago, se lo cuento todo desde las taquillas hasta lo que siento hoy (que no
sabría decir qué es) pasando por mis intentos de quitármelo de la cabeza.
Ella lo
escucha todo en silencio y una vez que acabo me dice:
–¿Realmente
conoces su versión? Quiero decir, ¿te has molestado en averiguar si de verdad
usa a esas chicas? ¿Si no las ha dicho ya que le dejen en paz?
–Pues…–Me
quedo pensativa; no, no lo he hecho –.No, pero entonces ¿por qué siguen
acosándole?
–¿Eso
es culpa de él? –Dice pacientemente.
–No te
entiendo. ¿Cómo no va a ser culpa de él?
–A ver,
si realmente las usara se liaría cada día con una día e iría provocándolas. ¿Ha
buscado él el ser admirado? Ángela, si te gusta un chico le insistes hasta que
no puedas más, no lo dejas escapar. Eso tú, yo, la vecina del quinto y el
universo entero, ¿o me lo piensas negar?
No, no
se lo niego porque tiene toda la razón. Nunca le he visto abrazado a otra
chica, o besándose o mirándolas si quiera. Me quedo callada. ¿Qué-he-hecho?
–Adónde
yo voy, Ángela, es a que no sabes mucho de él. Te has adelantado a los
acontecimientos y creo adivinar por qué –dice soltando una risita.
–He
sido…he sido una egoísta, una tonta egoísta, no he pensado en él, solo en mí.
–No,
has sido tonta y has perdido a un partidazo. Pero aún sin conocerle, sé que ese
chico estaba colado por tus huesos, guapa. Apuesto a que lo ha pasado mal por
ti y aún estás a tiempo de recuperarle. No pienses en lo perdido, piensa en lo
que puedes ganar.
–¿Sabes?
Eres la mejor –me quedo pensativa. Repaso todo lo que me ha dicho y me percato
de algo –.Hey, ¿a qué te referías con “te has adelantado a los acontecimientos
y creo adivinar por qué”?
–Eso
tienes que descubrirlo tú. Dale vueltas, cielo. ¡Hasta otra!
Me
cuelga antes de que pueda insistirla. Ni siquiera yo sé por qué y ella sí, esto
es increíble.
Me
levanto de la cama y me pongo a hacer los deberes para pensar en otra cosa
antes de ponerme seriamente a pensar en ello. Antes de dejarle espacio total a
David en mi cabeza. Hoy nos han mandado pocos, puesto que queda poco para
acabar, pero al menos mato 45 minutos haciéndolos. Cuando los termino recojo
toda la mesa y la mochila y cuando me
dirijo a mi habitación oigo que se abre la puerta.
–¡Hola!
¿Ángela? –Dice la voz de Adrián, mi hermano, entrando en casa.
-¡Hombre,
hermano! –Le digo y le doy un beso en la mejilla.
Sí,
tengo un hermano, pero casi no estoy con él. Se pasa la vida en casa de su
mejor amigo Simón, que ya se ha independizado; de cada cinco días, cuatro está
allí y uno aquí.
Sin
añadir nada más vuelvo a mi cuarto y me dejo caer sobre la suave alfombra.
Vale, tengo que empezar a pensar seriamente en David…
–¿Qué
pasa, Ángela? –Dice Adrián entrando de repente en mi habitación. Al ver que le
miro con cara de sorpresa dice –: Cuando te sientas en la alfombra es que pasa
algo, lo haces desde pequeñita, cuando te rompía las muñecas y te ponías
triste.
–¿Qué?
¿Tú me rompías las…? Da igual. No, no me pasa nada…solo me quiero…sentar en la
alfombra –Intento parecer segura, pero más que una afirmación me sale una
pregunta.
–Vale,
es un chico.
–Porque
tú estés siempre pensando en Andrea no significa que los demás también vivamos
enamorados –le contesto bordemente, cosa que no suelo hacer y menos con él.
Andrea es su antigua novia, de la cual sigue muy enamorado y está investigando
cómo reconquistarla. Pero si hay algo que me encanta de mi hermano es que todo
lo ve desde el lado positivo, es de los del vaso medio lleno.
–Ay,
Ángela, Ángela…–Dice, murmura algo en bajito y se va.
Y este
es mi hermano, como Casper; viene y va y vuelve a aparecer de repente.
Vuelvo
a tumbarme, me pongo un cojín para apoyar la cabeza, me acurruco y me muerdo
una uña. Cierro los ojos y me quedo pensando profundamente en cómo le conocí,
muy profundamente…
* * *
Me
despierto alarmada por el sonido del despertador, miro a mi alrededor confusa.
Genial, mi plan de aclararme las ideas fue estupendamente: me quedé dormida en
el suelo. Pero ¿qué tengo que aclarar? ¿Qué David me importa mucho más de lo
que pensaba? ¿Qué he sido tonta por hacerle daño? (Si es que le ha importado…)
No, creo que eso ya está demasiado claro. Ahora en lo que tengo que pensar es
en qué hacer…pero ahora no, que no puedo llegar tarde al instituto.
Me
levanto, me pongo una falda corta de talle alto y una camiseta olgada y me voy a desayunar. Al entrar en la cocina
otra vez el sol me deslumbra; se ve que nos toca una semana bonita, aunque solo
se refiera al tiempo…
Me lavo
los dientes, me recojo el pelo en una trenza y me la coloco a un lado. Sin
entretenerme más cojo la mochila y salgo en la dirección de siempre.
Doblo
la esquina de la calle del insti a las 8:20. Camino a paso ligero y aprieto más
el paso cuando ya tengo en mi campo de visión el edificio: tengo muchísimas
ganas de verle. Por primera vez me tomo este asunto con alegría, tengo que arreglarlo.
Me
aproximo a abrir la puerta y me quedo petrificada: Lucía y David, caminando
juntos, riendo, abrazándose…conclusión: ¿qué-está-pasando?
No me
da tiempo de reaccionar, salgo corriendo y subo las escaleras, directa hacia
clase antes de que me vean y me digan algo. Me quedo quieta en frente de la
puerta. No puede ser, Lucía no puede hacerme esto, es mi mejor amiga, no puede
estar viéndose con él sin haberme dicho nada. Y aunque me lo hubiera
dicho, ¡es él! No puede ser. Me siento traicionada y solo tengo ganas de
esconderme y llorar, uno de los efectos secundarios de este veneno.
Pero a
pesar de todo, trago saliva y entro en clase con paso decidido hasta mi silla y
al sentarme entran por la puerta, juntos. Él se dirige a su sitio y ella se
acerca a mí:
–¡Hola,
Ángela! ¿A que no sabes qué? –Me dice como si nada, mientras suena el timbre.
–No es
momento para hablar, va a llegar el profesor. Adiós –la digo seca y fríamente
invitándola a que se vaya. No tengas ganas de que me lo restriegue por la cara,
intentaré evitar esta conversación durante todo el día, si puedo.
Ella se
va claramente disgustada y sorprendida y entra en clase el profesor, mal
vestido y con barba de tres días. Como siempre.
Apoyo
la cabeza en una mano y me paso la clase mirando a Lucía y pensando en que no
puede ser posible. Me lo hubiera contado. Ella no es así, no es una mentirosa y
una falsa, que es lo que tendría que ser para hacerle esto a tu mejor amiga. No
lo es, tengo que hablar con ella, pero… es que tengo miedo de que sea verdad y
de que yo lo pase mal. Tengo miedo de que me corroa otra vez la
desesperación…así que me paso todas las clases pensando en ellos, y mi
conversaciones de hoy con Lucía son simples por mi parte aunque no haya dicho
nada, así que sigo sin saber qué era ese “¿A que no sabes qué?”. Pero es
que no tengo un día de hablar; tengo un
día de pensar.
Suena
el último timbre del día y Lucía y David salen corriendo antes que nadie. Me
quedo sin palabras, sin cosas qué pensar y me quedo pasmada en mi sitio
mientras empiezo a recoger lentamente. Bajo las escaleras despacio con una
lágrima a punto de caer de mis ojos. Así todo y con el esfuerzo de mi corazón
me dirijo a las taquillas, pero no se encuentran allí. Una oleada de alivio me
recorre el cuerpo. Abro la 229 y dejo los libros. Pero al sacar la chaqueta se
resbala un papel y cae haciendo graciosos movimiento hasta el suelo.
Me
quedo mirando el papel y por un momento olvido lo que me pasa, olvido todos los
problemas que tengo. Las taquillas se van despejando y yo con movimientos muy
lentos dejo la mochila en el suelo, me agacho y recojo el papel. Abro la nota y
leo:
“Parque
Lluvia. 18:00. Esta tarde”
Una
oleada de recuerdos me viene a la cabeza; entonces, repentinamente le doy la
vuelta a la carta y pone: “De David”
Entonces
la sonrisa más grande y más sincera de toda mi vida se dibuja en mi cara a la
vez que una extraña sensación parecida al miedo me recorre el cuerpo. ¿Qué pasa
con Lucía? ¿Por qué mi chico de ojos verdes me manda ahora esto? ¿Qué
voy a hacer? ¿Voy o no voy? Todas estas preguntas y más me vienen a la cabeza
al cerrar la taquilla y poco a poco me voy alejando.
Llego a
mi casa; no hay nadie. ¡Bien! Me voy corriendo a mi cuarto y me pongo a llamar
a Lucía, pero no lo coge, tengo que saber por qué de repente están tan amigos y
necesito respuestas a todas mis preguntas.
El
teléfono suena, suena y suena, pero nadie lo coge. ¿Qué hago? Pienso en llamar
a Sara, pero caigo en que el instituto de Málaga tiene distinto horario y aún
siguen en clase. Me tengo que enfrentar a mí misma sola.
Una
cosa está muy clara; ha descubierto que yo le escribí una nota para una cita
cuando pasó…bueno, lo que pasó. Porque sería raro que fuera coincidencia…ajá, ahí
es donde ha intervenido Lucía. ¿Será de verdad? No me estarán gastando una
broma, ¿no? No lo soportaría…pero es mi mejor amiga: no, no es una broma. ¿Cómo
he podido desconfiar de ella de esta manera?
Bueno, ella es inteligente para estas cosas y sabrá lo que yo he
pensado, así que no se enfadará conmigo, espero…
Ahora…el
tema de la cita. ¿Y si voy y todo va bien? ¿Nos volveríamos la típica pareja
monótona y aburrida? ¿Él siente por mí lo mismo que yo? Es que…todavía no tengo
claro qué siento…por eso debería ir, ¿no? Pero… ¿y si voy y sale mal? Sería de
las mayores decepciones de mi vida, no podría aguantarlo. Tengo una perspectiva
de él muy alta…¿pero y si la rompe?
Me paso
horas con preguntas así, sometiendo a una balanza los pros y los contras y al
final, tras lágrimas y sonrisas me doy cuenta de las palabras de Sara, lo que
ella sabía y yo no, lo que parece que siempre me pasa, lo que tenía que
averiguar por mí misma. Mi punto débil: Miedo a enamorarme, miedo a que me
hagan daño.
San! esta genial, no vuelvas a decir que es malo, porque es perfecto y esta muy bien todo
ResponderEliminarOoins, jo, es que desde mi punto de vista este capítulo no es gran cosa, pero muchísimas gracias :'D
EliminarEl mejor amigo de Adrian se llama... Simón?! Como mola! El capitulo ha sio sublime.... me encanta!
ResponderEliminarHoome, claro! :D
EliminarMuchas gracias ;)