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sábado, 4 de agosto de 2012

3er Capítulo: La razón del sol. (D)


Cada minuto, cada segundo, cada milésima ella ocupa mis pensamientos. Hoy no he prestado atención a los profesores lo más mínimo. No me la puedo sacar de la cabeza, esto ya resulta inhumano. Además no consigo encontrar la razón por la que me dejó de hablar. No le veo una explicación razonable y estoy seguro de que si se lo pregunto directamente va a ser peor. Me hará más daño.
Suena el timbre de salida. Ni siquiera espero a mis amigos, cojo la mochila, bajo, cojo la bici y me pongo a pedalear. No quiero llegar a casa aún, necesito pensar con claridad, despejarme. Y para eso la bici es lo mejor, es la libertad materializada.
Así que doy un rodeo antes de ir a casa. Vivo al sur, así que me dirijo al norte para dar vueltas y voy a parar a una urbanización que nunca  había visto:
“URBANIZACIÓN LAS ROCAS. ZONA PRIVADA”
Me paro en seco al ver el cartel y al pararme noto algo raro en la bici.. Me bajo de ella. Oh, genial se ha pinchado una rueda, ahora tendré que volver andando, precisamente hoy…Mientras estoy dando la vuelta para volver oigo que alguien me llama:
-¿¡David!? ¿Eres tú?
Me giro; es Lucía, la amiga de Ángela. ¿Qué querrá? No he hablado mucho con ella a pesar de que vamos a la misma clase, pero por lo poco que Ángela me habló de ella, parece ser majísima. La miro mientras ella se va acercando y me dice:
-Hombre, ¿qué haces aquí?
-Nada, estaba dando una vuelta antes de irme a casa y he llegado aquí. ¿Vives en esta urbanización?
-Oh, no, no. Yo no, mi tía. Pero es que estoy durmiendo aquí mientras hacen la mudanza.
-¿Mudanza? ¿Adónde te mudas?
-Mmm….más al sur. A la calle… “Lorca” o algo así…
-¿En serio? ¡Yo vivo allí! ¿A qué número vas?
-¿De verdad? Pues…creo que al 65. ¿Tú en cual estás?
-En el 63, ¡la casa del al lado! ¿Cuándo terminas la mudanza?
-Hoy mismo. Ahora precisamente iba a ir para ayudar a subir las últimas cajas y ya me quedo allí. En idas y venidas estos últimos días me he gastado más dinero en autobuses del que me he gastado en mi vida.
-Ah, bueno. Pues nos vemos allí más tarde.
-Venga anda, ven conmigo en bus, que me aburro mucho sola…
0-Es que no tengo dinero, encima he pinchado, así que voy andando.
-¿Me vacilas? Anda venga, que te invito yo, por un ticket más no me voy a arruinar.
-Pero…
-Chst -me pone en dedo en la boca para mandarme callar-.Vienes conmigo y punto.
–Pues…- la aparto el dedo de mis labios- te lo agradezco mucho, de verdad. Me has salvado –Me río-. No me apetecía ir andando con el hambre que tengo.
Lo que me contó Ángela de Lucía no la hacía justicia. Es mucho más divertida, mucho más simpática y mucho más adorable de lo que me había dicho. Me habla como si me conociera desde siempre y no como las demás, las que son mis “admiradoras” que me miran como si me pudiesen…comer.
Llegamos a la parada y en 2 minutos el autobús ya está aquí. Entramos y nos dirigimos a la parte de atrás. A estas horas no suele estar muy lleno y hay bastantes asientos vacíos. En cuanto nos sentamos, Lucía me dice:
–Bueno, ahora cuéntame algo de ti. ¿Con cuál de esas chicas vas a salir?
La miro con recelo.
–¿A qué chicas te refieres?
–Oh, vamos. No te hagas el tonto, ¡las de las notitas en tu taquilla!
–Ah, esas…-La sonrío- Son anónimas, no sé quien las escribe. Por lo tanto a lo mejor alguna de ellas la has escrito tú. –Digo mientras enarco una ceja.
Ella se rie y dice:
–Oh, David. Me has pillado, yo era la que te decía que eres muy guapo y sueño contigo todas las noches –Se pone una mano en el pecho- Que se note el sarcasmo.
–Pues, no te lo creas pero lo de que sueñan conmigo me lo ponen.
–Oh, venga ya.
–¿No me crees? ¡Lo dicen, de verdad! Ya te enseñaré alguna.
Se ríe.
–Bueno, no me has contestado. ¿Con cuál de ellas vas a salir?
–Con ninguna. Son tontas.
–Ajá, por eso y porque no tienes suficientes ojos con los que mirar a Ángela, ¿verdad?
La miro bruscamente e intento disimular el asombro que se percibe en mi cara.
–¿Perdón? –Intento decir lo más indiferente posible –. No sé de qué me hablas.
–¿Me niegas que estás locamente enamorado de Ángela?
Bajo la cabeza para esconder la sonrisa que me produce pensar en ella. Una sonrisa que me delataría.
–David, no hace falta que disimules, sé que te encanta.
Suspiro. Me rindo.
–Pero ¿cómo lo sabes? No se lo he contado ni a mis mejores amigos. Se…¿Se nota mucho? –Pregunto ansioso.
–No, la verdad es que lo sabes disimular bastante bien y no creo que nadie más lo sepa. Pero es que yo tengo un don para estas cosas, lo noto al instante. Y tú, cariño, estás perdidamente enamorado de ella. Cosa que no me extraña, porque es casi perfecta, por eso es mi mejor amiga, solo me junto con los mejores –Dice mientras se ríe.
Su mejor amiga, estoy con la mejor amiga de mi obsesión. Es lo más cerca que he estado de Ángela desde…bueno, desde que dejé de estarlo.
Un momento, estoy con la mejor amiga de Ángela y las mejores amigas se cuentan todo, ¿no? ¡Se cuentan todo! Así que lo tiene que saber, tiene que saber por qué me ignora, lo sabe, tiene que saberlo, ¿no? Sí, lo sabe, estoy seguro de que lo sabe, si fuera mi mejor amiga querría que lo supiera, LO SABE.
–Oye, Lucía. ¿Acaso Ángela…?
–¡Hey, que esta es la parada! Anda, vamos. –Dice interrumpiéndome mientras se levanta.
Me coje de la mano y me arrastra hasta la salida, nos bajamos de autobús. Me encanta este autobús, me deja justo en frente de mi casa, por lo tanto también deja a Lucía en frente de la suya. Aunque yo nunca vaya en bus, prefiero mil veces antes la bici.
–Oye, David. ¿Después nos vemos? –Dice Lucía alegremente.
–¡Sí! Pásate por mi casa a las 5:30. Mi madre estará trabajando y mi padre trabaja fuera, solo viene los fines de semana. Así que luego nos vemos, ¿vale?
Nos despedimos con una sonrisa y nos dirigimos cada uno a su casa. En una situación normal, me incomodaría bastante quedar con una chica con la que acabo de mantener una conversación, pero Lucía es genial, me cayó bien en el momento en que la vi, aunque nunca hemos sido amigos. Pero creo que ahora podremos serlo. Además, no he podido preguntarla por qué Ángela dejó de hablarme y así lo haré esta tarde.
Por fin entiendo el significado del sol de esta mañana; hoy haré una  pequeña pero importante investigación, la investigación para enamorar a la chica de mi vida.
Abro la puerta. Como me esperaba; mi madre no está en casa. Es dependienta de una tienda de marca y no cierran al mediodía. Así que ella pasa allí la mañana y otra hace el turno de tarde. Pero a veces su compañera llega antes y la deja irse para comer en casa, aunque no suele pasar.
Me dirijo a la cocina, caliento la comida y como rápidamente. Después hago los pocos deberes que me han puesto por ser final de curso y enciendo el ordenador. Pero me aburro en seguida y le apago. Miro el reloj: las 5. Queda media hora para que llegue Lucía, así que voy al baño, me lavo los dientes, me peino y me cambio de ropa, aunque no me haga falta.
En cuanto me pongo la camisa llaman a la puerta y voy corriendo a abrirla.
–¡Hola, David! –Dice Lucía mientras entra a la casa.
–Hombre, has llegado un poco antes, ¿no? –Digo mirando el reloj; son las 5:20.
–Sí, es que me aburría y me he acercado antes –Me mira con una expresión de sorpresa. –Aunque veo que a ti no te ha dado tiempo. –La miro interrogante y ve que no comprendo lo que dice –¿Sueles recibir a todos tus invitados con la camisa desabrochada?
Me miro la camisa y sí, está totalmente desabrochada.
–Sí, bueno…–Digo atándomela –Es una manera…sexy de recibir invitados, ¿no crees?
–Ajá, me he derretido –dice ella sarcásticamente. –Bueno, y ¿qué hacemos?
–No sé, de momento…ven, vamos al salón y, no sé, hablamos.
Cuanto antes se lo pregunte mejor, necesito saberlo.
Nos dirigimos al salón y nos sentamos en el sofá. Mi salón es grande, la habitación más grande de mi casa, que en sí ya es vasta.
–Bueno, pues pregúntame lo que ya se que me vas a preguntar y salimos a dar un paseo, ¿vale? –Dice Lucía en cuanto se sienta.
La miro perplejo.¿Cómo sabe lo que la voy a decir? ¿Es adivina? ¿Me lee la mente?
–¿Co-Cómo sabes…?– Empiezo a mascullar.
–Soy inteligente, chico. A ver, como deduzco que tu pregunta es “¿Por qué no me habla mi preciosa Ángela?” te contesto: No debería responderte, pero me caes bien y sé lo que es bueno para mi mejor amiga. ¿Recuerdas el día que os acompañasteis a las taquillas, no?
–Por supuesto, tengo pesadillas con eso todas las noches…
–Bien, las notitas esas. Las tiraste, ¿verdad?
–Claro, quería que supiera que la que me gustaba era ella, no las estúpidas…
–David, una de esas notas era de ella. –Me interrumpe Lucía.
–¡¿QUÉ?! Creía que lo que la molestaba era que me acosaran esas niñas y ella…
–¡Déjame hablar a mí, pesado! –Grita haciéndome callar –Qué nervios, por favor… A ver, no ponía lo que en las demás pone. Ponía un sitio y una hora para que quedaseis fuera del instituto. Y tú, que eres un genio, tiraste todas las notas.
–Pero antes de que las tirara ella ya estaba con cara de flipe. –Digo yo recordando.
–Esa cara de flipe era porque pensó que usabas a esas chicas, que las tenías detrás de ti haciendo cola a posta. Y se sintió también usada. Y lo aseguró al ver que tú no la explicabas lo ocurrido.
–No se lo explicaba porque tenía miedo…
–Lo sé, y en el fondo, ella también lo sabe. Estaba loca por ti, David, y aunque ahora lo niegue e intente sacarte de la cabeza, lo sigue estando. Se la nota a la legua.
Trago saliva asimilando sus palabras. Ángela…¿Estaba enamorada de mí? Una increíble sensación de felicidad me invade el cuerpo. Me levanto y empiezo a dar saltos como un estúpido.
Lucía me mira divertida.
–Pareces tus admiradoras al ver que has leído su papel –Dice sonriente –. Me alegro de que estés tan feliz, pero tendrás que hacer algo antes de perderla del todo, ¿no? Vi tu reacción en clase cuando te diste cuenta de que quedaban 5 días para perderla de vista. Mi plan de que me oyeses decírselo a Ángela salió bien. ¿Me oíste, no?
Paro de saltar, miro a Lucía y me vuelvo a sentar a su lado sorprendido:
–¿Lo dijiste en ese momento para que yo me diese cuenta?
–¡Premio al chico de los ojos verdes! Espero haberte ayudado, lo llevaba planeando tiempo, hacéis una pareja tan boni…
No la dejo terminar la frase. La abrazo con todas mis fuerzas. Gracias a ella, todo esto ha sido gracias a ella…No hay forma de agradecérselo.
–David…me…espachurras…–Dice con dificultad, aún entre mis brazos.
–Perdón –la suelto –. Es que no me lo creo. ¡Lo hiciste para que te oyera! Eres la mejor, desde luego. Es algo indiscutible.
–Vale, tranquilo –Dice riéndose –. Solo he hecho lo que debía. Ahora, ¿me vas a decir qué plan tienes para enamorarla?
Me echo contra el respaldo del sofá para pensar. ¿Qué puedo hacer? Hablarla de repente sería muy poco sorprendente. Tengo que hacer algo que la saque una estupenda sonrisa. Sino seguiré siendo el chico que, al tirar unas notas a la basura, tiró también la oportunidad de estar con la chica más maravillosa del mundo. Solo por las notitas… estúpidos papeles…Pero, ¿por qué me dejó la nota? ¿Por qué no simplemente me lo dijo? Es lo que hace todo el mundo, pero claro, si hubiera leído esa nota hubiera sido el chico más feliz de La Tierra porque es algo inesperado, sorprendente…justo lo que busco. Entonces me levanto del sofá y grito:
–¡Ya lo tengo! Lucía, Lucía, Lucía, ¡levanta! Tienes que ayudarme.
–¡Vale! ¡Ya voy! –Dice levantándose perezosamente –¿Me vas a decir qué has pensado?
–¡Sí! A ver, ella me dejó una nota, ¿no? Si yo hago lo mismo se dará cuenta de que lo hice sin querer, le daré…un doble sentido.
–¿Vas a dejarle una nota para veros en su taquilla? –Se queda quieta, mientras lo medita. Entonces poco a poco se la dibuja una sonrisa en la cara. –Y yo que pensaba que eras tonto.
Sonrío de éxtasis de felicidad. Al fin, al fin tengo una oportunidad. Por fin tengo un destino, que ahora mismo se reduce a un número: 229.

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