Cada
minuto, cada segundo, cada milésima ella ocupa mis pensamientos. Hoy no he
prestado atención a los profesores lo más mínimo. No me la puedo sacar de la
cabeza, esto ya resulta inhumano. Además no consigo encontrar la razón por la
que me dejó de hablar. No le veo una explicación razonable y estoy seguro de
que si se lo pregunto directamente va a ser peor. Me hará más daño.
Suena
el timbre de salida. Ni siquiera espero a mis amigos, cojo la mochila, bajo,
cojo la bici y me pongo a pedalear. No quiero llegar a casa aún, necesito
pensar con claridad, despejarme. Y para eso la bici es lo mejor, es la libertad
materializada.
Así que
doy un rodeo antes de ir a casa. Vivo al sur, así que me dirijo al norte para
dar vueltas y voy a parar a una urbanización que nunca había visto:
“URBANIZACIÓN
LAS ROCAS. ZONA PRIVADA”
Me paro
en seco al ver el cartel y al pararme noto algo raro en la bici.. Me bajo de
ella. Oh, genial se ha pinchado una rueda, ahora tendré que volver andando,
precisamente hoy…Mientras estoy dando la vuelta para volver oigo que alguien me
llama:
-¿¡David!?
¿Eres tú?
Me
giro; es Lucía, la amiga de Ángela. ¿Qué querrá? No he hablado mucho con ella a
pesar de que vamos a la misma clase, pero por lo poco que Ángela me habló de
ella, parece ser majísima. La miro mientras ella se va acercando y me dice:
-Hombre,
¿qué haces aquí?
-Nada,
estaba dando una vuelta antes de irme a casa y he llegado aquí. ¿Vives en esta
urbanización?
-Oh,
no, no. Yo no, mi tía. Pero es que estoy durmiendo aquí mientras hacen la
mudanza.
-¿Mudanza?
¿Adónde te mudas?
-Mmm….más
al sur. A la calle… “Lorca” o algo así…
-¿En
serio? ¡Yo vivo allí! ¿A qué número vas?
-¿De
verdad? Pues…creo que al 65. ¿Tú en cual estás?
-En el
63, ¡la casa del al lado! ¿Cuándo terminas la mudanza?
-Hoy
mismo. Ahora precisamente iba a ir para ayudar a subir las últimas cajas y ya
me quedo allí. En idas y venidas estos últimos días me he gastado más dinero en
autobuses del que me he gastado en mi vida.
-Ah,
bueno. Pues nos vemos allí más tarde.
-Venga
anda, ven conmigo en bus, que me aburro mucho sola…
0-Es
que no tengo dinero, encima he pinchado, así que voy andando.
-¿Me
vacilas? Anda venga, que te invito yo, por un ticket más no me voy a arruinar.
-Pero…
-Chst
-me pone en dedo en la boca para mandarme callar-.Vienes conmigo y punto.
–Pues…-
la aparto el dedo de mis labios- te lo agradezco mucho, de verdad. Me has
salvado –Me río-. No me apetecía ir andando con el hambre que tengo.
Lo que
me contó Ángela de Lucía no la hacía justicia. Es mucho más divertida, mucho
más simpática y mucho más adorable de lo que me había dicho. Me habla como si
me conociera desde siempre y no como las demás, las que son mis “admiradoras”
que me miran como si me pudiesen…comer.
Llegamos
a la parada y en 2 minutos el autobús ya está aquí. Entramos y nos dirigimos a
la parte de atrás. A estas horas no suele estar muy lleno y hay bastantes
asientos vacíos. En cuanto nos sentamos, Lucía me dice:
–Bueno,
ahora cuéntame algo de ti. ¿Con cuál de esas chicas vas a salir?
La miro
con recelo.
–¿A qué
chicas te refieres?
–Oh,
vamos. No te hagas el tonto, ¡las de las notitas en tu taquilla!
–Ah, esas…-La sonrío- Son anónimas, no sé quien las escribe. Por lo tanto a lo mejor alguna de ellas la has escrito tú. –Digo mientras enarco una ceja.
–Ah, esas…-La sonrío- Son anónimas, no sé quien las escribe. Por lo tanto a lo mejor alguna de ellas la has escrito tú. –Digo mientras enarco una ceja.
Ella se
rie y dice:
–Oh,
David. Me has pillado, yo era la que te decía que eres muy guapo y sueño
contigo todas las noches –Se pone una mano en el pecho- Que se note el
sarcasmo.
–Pues,
no te lo creas pero lo de que sueñan conmigo me lo ponen.
–Oh,
venga ya.
–¿No me
crees? ¡Lo dicen, de verdad! Ya te enseñaré alguna.
Se ríe.
–Bueno,
no me has contestado. ¿Con cuál de ellas vas a salir?
–Con
ninguna. Son tontas.
–Ajá,
por eso y porque no tienes suficientes ojos con los que mirar a Ángela,
¿verdad?
La miro
bruscamente e intento disimular el asombro que se percibe en mi cara.
–¿Perdón?
–Intento decir lo más indiferente posible –. No sé de qué me hablas.
–¿Me
niegas que estás locamente enamorado de Ángela?
Bajo la
cabeza para esconder la sonrisa que me produce pensar en ella. Una sonrisa que
me delataría.
–David,
no hace falta que disimules, sé que te encanta.
Suspiro.
Me rindo.
–Pero
¿cómo lo sabes? No se lo he contado ni a mis mejores amigos. Se…¿Se nota mucho?
–Pregunto ansioso.
–No, la
verdad es que lo sabes disimular bastante bien y no creo que nadie más lo sepa.
Pero es que yo tengo un don para estas cosas, lo noto al instante. Y tú,
cariño, estás perdidamente enamorado de ella. Cosa que no me extraña, porque es
casi perfecta, por eso es mi mejor amiga, solo me junto con los mejores –Dice
mientras se ríe.
Su
mejor amiga, estoy con la mejor amiga de mi obsesión. Es lo más cerca que he
estado de Ángela desde…bueno, desde que dejé de estarlo.
Un
momento, estoy con la mejor amiga de Ángela y las mejores amigas se cuentan
todo, ¿no? ¡Se cuentan todo! Así que lo tiene que saber, tiene que saber por
qué me ignora, lo sabe, tiene que saberlo, ¿no? Sí, lo sabe, estoy seguro de
que lo sabe, si fuera mi mejor amiga querría que lo supiera, LO SABE.
–Oye,
Lucía. ¿Acaso Ángela…?
–¡Hey,
que esta es la parada! Anda, vamos. –Dice interrumpiéndome mientras se levanta.
Me coje
de la mano y me arrastra hasta la salida, nos bajamos de autobús. Me encanta este
autobús, me deja justo en frente de mi casa, por lo tanto también deja a Lucía
en frente de la suya. Aunque yo nunca vaya en bus, prefiero mil veces antes la
bici.
–Oye,
David. ¿Después nos vemos? –Dice Lucía alegremente.
–¡Sí!
Pásate por mi casa a las 5:30. Mi madre estará trabajando y mi padre trabaja
fuera, solo viene los fines de semana. Así que luego nos vemos, ¿vale?
Nos
despedimos con una sonrisa y nos dirigimos cada uno a su casa. En una situación
normal, me incomodaría bastante quedar con una chica con la que acabo de
mantener una conversación, pero Lucía es genial, me cayó bien en el momento en
que la vi, aunque nunca hemos sido amigos. Pero creo que ahora podremos serlo.
Además, no he podido preguntarla por qué Ángela dejó de hablarme y así lo haré
esta tarde.
Por fin
entiendo el significado del sol de esta mañana; hoy haré una pequeña pero importante investigación, la
investigación para enamorar a la chica de mi vida.
Abro la
puerta. Como me esperaba; mi madre no está en casa. Es dependienta de una
tienda de marca y no cierran al mediodía. Así que ella pasa allí la mañana y
otra hace el turno de tarde. Pero a veces su compañera llega antes y la deja
irse para comer en casa, aunque no suele pasar.
Me
dirijo a la cocina, caliento la comida y como rápidamente. Después hago los
pocos deberes que me han puesto por ser final de curso y enciendo el ordenador.
Pero me aburro en seguida y le apago. Miro el reloj: las 5. Queda media hora
para que llegue Lucía, así que voy al baño, me lavo los dientes, me peino y me
cambio de ropa, aunque no me haga falta.
En
cuanto me pongo la camisa llaman a la puerta y voy corriendo a abrirla.
–¡Hola,
David! –Dice Lucía mientras entra a la casa.
–Hombre,
has llegado un poco antes, ¿no? –Digo mirando el reloj; son las 5:20.
–Sí, es
que me aburría y me he acercado antes –Me mira con una expresión de sorpresa. –Aunque
veo que a ti no te ha dado tiempo. –La miro interrogante y ve que no comprendo
lo que dice –¿Sueles recibir a todos tus invitados con la camisa desabrochada?
Me miro
la camisa y sí, está totalmente desabrochada.
–Sí,
bueno…–Digo atándomela –Es una manera…sexy de recibir invitados, ¿no crees?
–Ajá,
me he derretido –dice ella sarcásticamente. –Bueno, y ¿qué hacemos?
–No sé,
de momento…ven, vamos al salón y, no sé, hablamos.
Cuanto
antes se lo pregunte mejor, necesito saberlo.
Nos dirigimos al salón y nos sentamos en el sofá. Mi salón
es grande, la habitación más grande de mi casa, que en sí ya es vasta.
–Bueno,
pues pregúntame lo que ya se que me vas a preguntar y salimos a dar un paseo,
¿vale? –Dice Lucía en cuanto se sienta.
La miro
perplejo.¿Cómo sabe lo que la voy a decir? ¿Es adivina? ¿Me lee la mente?
–¿Co-Cómo
sabes…?– Empiezo a mascullar.
–Soy
inteligente, chico. A ver, como deduzco que tu pregunta es “¿Por qué no me
habla mi preciosa Ángela?” te contesto: No debería responderte, pero me caes
bien y sé lo que es bueno para mi mejor amiga. ¿Recuerdas el día que os
acompañasteis a las taquillas, no?
–Por
supuesto, tengo pesadillas con eso todas las noches…
–Bien,
las notitas esas. Las tiraste, ¿verdad?
–Claro,
quería que supiera que la que me gustaba era ella, no las estúpidas…
–David,
una de esas notas era de ella. –Me interrumpe Lucía.
–¡¿QUÉ?!
Creía que lo que la molestaba era que me acosaran esas niñas y ella…
–¡Déjame
hablar a mí, pesado! –Grita haciéndome callar –Qué nervios, por favor… A ver,
no ponía lo que en las demás pone. Ponía un sitio y una hora para que quedaseis
fuera del instituto. Y tú, que eres un genio, tiraste todas las notas.
–Pero
antes de que las tirara ella ya estaba con cara de flipe. –Digo yo recordando.
–Esa
cara de flipe era porque pensó que usabas a esas chicas, que las tenías detrás
de ti haciendo cola a posta. Y se sintió también usada. Y lo aseguró al ver que
tú no la explicabas lo ocurrido.
–No se
lo explicaba porque tenía miedo…
–Lo sé,
y en el fondo, ella también lo sabe. Estaba loca por ti, David, y aunque ahora
lo niegue e intente sacarte de la cabeza, lo sigue estando. Se la nota a la
legua.
Trago
saliva asimilando sus palabras. Ángela…¿Estaba enamorada de mí? Una increíble
sensación de felicidad me invade el cuerpo. Me levanto y empiezo a dar saltos
como un estúpido.
Lucía
me mira divertida.
–Pareces
tus admiradoras al ver que has leído su papel –Dice sonriente –. Me alegro de
que estés tan feliz, pero tendrás que hacer algo antes de perderla del todo,
¿no? Vi tu reacción en clase cuando te diste cuenta de que quedaban 5 días para
perderla de vista. Mi plan de que me oyeses decírselo a Ángela salió bien. ¿Me
oíste, no?
Paro de
saltar, miro a Lucía y me vuelvo a sentar a su lado sorprendido:
–¿Lo
dijiste en ese momento para que yo me diese cuenta?
–¡Premio
al chico de los ojos verdes! Espero haberte ayudado, lo llevaba planeando
tiempo, hacéis una pareja tan boni…
No la
dejo terminar la frase. La abrazo con todas mis fuerzas. Gracias a ella, todo
esto ha sido gracias a ella…No hay forma de agradecérselo.
–David…me…espachurras…–Dice
con dificultad, aún entre mis brazos.
–Perdón
–la suelto –. Es que no me lo creo. ¡Lo hiciste para que te oyera! Eres la
mejor, desde luego. Es algo indiscutible.
–Vale,
tranquilo –Dice riéndose –. Solo he hecho lo que debía. Ahora, ¿me vas a decir
qué plan tienes para enamorarla?
Me echo
contra el respaldo del sofá para pensar. ¿Qué puedo hacer? Hablarla de repente
sería muy poco sorprendente. Tengo que hacer algo que la saque una estupenda
sonrisa. Sino seguiré siendo el chico que, al tirar unas notas a la basura,
tiró también la oportunidad de estar con la chica más maravillosa del mundo.
Solo por las notitas… estúpidos papeles…Pero, ¿por qué me dejó la nota? ¿Por
qué no simplemente me lo dijo? Es lo que hace todo el mundo, pero claro, si
hubiera leído esa nota hubiera sido el chico más feliz de La Tierra porque es algo
inesperado, sorprendente…justo lo que busco. Entonces me levanto del sofá y
grito:
–¡Ya lo
tengo! Lucía, Lucía, Lucía, ¡levanta! Tienes que ayudarme.
–¡Vale!
¡Ya voy! –Dice levantándose perezosamente –¿Me vas a decir qué has pensado?
–¡Sí! A
ver, ella me dejó una nota, ¿no? Si yo hago lo mismo se dará cuenta de que lo
hice sin querer, le daré…un doble sentido.
–¿Vas a
dejarle una nota para veros en su taquilla? –Se queda quieta, mientras lo
medita. Entonces poco a poco se la dibuja una sonrisa en la cara. –Y yo que
pensaba que eras tonto.
Sonrío
de éxtasis de felicidad. Al fin, al fin tengo una oportunidad. Por fin tengo un
destino, que ahora mismo se reduce a un número: 229.
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